x Javier Yacoy
Mientras miles de venezolanos salieron al Obelisco a festejar, a abrazarse y a llorar de alivio después de años de oscuridad, en la Argentina la izquierda eligió marchar… pero no para celebrar la libertad de un pueblo, sino para defender al régimen que lo empobreció.
La escena es incómoda, pero muy reveladora.
De un lado, venezolanos que escaparon del hambre, de la persecución, del exilio forzado y del miedo.
Del otro, organizaciones argentinas que nunca vivieron bajo ese régimen, pero que lo justifican desde la comodidad de una democracia que sí funciona.
No es una contradicción. Es coherencia ideológica.
Porque el modelo que destruyó Venezuela es el mismo que el Kirchnerismo intentó —y en parte logró— aplicar en la Argentina:
un Estado que avanza sobre la economía,
un poder que se concentra,
una justicia que se presiona,
una oposición que se deslegitima,
y un relato que convierte todo límite en “enemigos del pueblo”.
La diferencia es que en Venezuela no hubo frenos.
En la Argentina, todavía sí.
Venezuela muestra el final del camino.
La Argentina todavía discute si quiere recorrerlo.
Por eso hoy no se está discutiendo a Maduro.
Se está discutiendo qué país queremos ser.
Y por eso la imagen de los venezolanos festejando y la izquierda marchando al mismo tiempo no es casual: es el choque entre la experiencia real de un pueblo y la teoría cómoda de quienes nunca tuvieron que vivirla.
SAN ANDRES DE GILES SITIO OFICIAL!
