Opinión | Javier Yacoy
La justicia de Estados Unidos anuló la condena contra la Argentina por la expropiación de YPF.
El dato es simple: el país, por ahora, evita pagar cerca de USD 16.000 millones.
No es un detalle menor. Era uno de los mayores riesgos económicos abiertos que tenía la Argentina. El fallo no cierra el juicio, pero cambia el escenario y le da aire al Estado.
A partir de ahí, aparece lo de siempre: la discusión política por el mérito.
Qué cambió
Hasta ahora, la Argentina estaba condenada a pagar.
Hoy, vuelve a discutir el caso.
Esa diferencia es clave.
No es una victoria definitiva. Pero sí es un alivio concreto.
Cómo empezó todo
En 2012, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner decidió avanzar con la expropiación de YPF.
El entonces ministro de Economía, Axel Kicillof, tuvo un rol central.
La discusión no fue la expropiación en sí, sino la forma en que se hizo.
Ahí se origina el conflicto judicial.
El recorrido
Con el paso de los años, fondos de inversión iniciaron demandas contra el Estado argentino en tribunales de Estados Unidos.
En 2023, la jueza Loretta Preska condenó al país a pagar una suma millonaria.
El Estado argentino apeló ese fallo.
Durante el gobierno de Javier Milei, esa apelación siguió su curso.
En 2026, la Cámara de Apelaciones anuló la condena.
Qué festeja el Gobierno
El oficialismo tiene un argumento claro: el fallo se dio bajo su gestión.
Cualquier gobierno, ante un resultado de este tipo, lo presentaría como un logro propio. No es excepcional.
Además, el efecto es concreto: la Argentina evita, al menos por ahora, un pago que hubiera tenido un impacto muy fuerte en su economía.
Qué festejan Kicillof y Cristina
En este punto aparece una tensión difícil de evitar.
El origen del juicio está en decisiones tomadas en 2012. Decisiones en las que tanto Axel Kicillof como Cristina Fernández de Kirchner fueron protagonistas.
El fallo actual les resulta favorable, pero no borra ese punto de partida.
Tampoco hubo, hasta ahora, una autocrítica clara sobre los riesgos legales que implicó aquella forma de avanzar. Con el tiempo, ese tipo de decisiones reforzó la idea de que invertir en la Argentina podía implicar un nivel alto de incertidumbre.
La discusión política
Consultado sobre el fallo, Kicillof planteó que si la decisión se explicara por la relación entre Javier Milei y Donald Trump, sería un “papelón”.
El planteo abre otro debate: el de la política exterior.
Sin embargo, estos procesos se definen en tribunales, con argumentos jurídicos y en distintas instancias. Reducirlos únicamente a vínculos personales entre dirigentes no alcanza para explicarlos.
Más allá de la disputa
Mientras la política discute quién gana, hay un dato que ordena todo:
La Argentina evitó, al menos por ahora, una carga económica de enorme magnitud.
Eso implica menos presión sobre las cuentas públicas, más margen de maniobra y una mejor posición para lo que viene.
El fallo no reescribe lo que pasó ni define el final del conflicto. Solo abre una nueva etapa.
La discusión sobre los méritos seguirá. Es parte de la lógica política.
Pero hay una pregunta más importante que queda abierta:
cómo evitar que el país vuelva a quedar expuesto a un riesgo de esta escala
y quién asume la responsabilidad cuando eso ocurre
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