Verónica Acosta, vecina de Villa Mercedes, San Luis, se levantó un buen día esperando que le depositaran la cuota alimentaria. Iban a ser $8.000.
$8.000, lo justo para comprar algo para su hijo. Pero al revisar el home banking, se encontró con un numerito que no coincidía: $510 millones. Sí, millones con M.
La reacción fue la de cualquiera con el corazón sano: revisó si no se había metido sin querer en un simulador del Quini 6, se frotó los ojos, y cuando vio que la cifra seguía ahí, empezó a mover fichas. O mejor dicho, billetes.
Verónica no se compró un yate ni un viaje a Dubai, no. Fue más terrenal: una heladera, dos teles, una freidora (porque nadie debería vivir sin papas fritas crocantes), cerámicos para la casa, y un Ford Ka modelo 2014/2015, porque tampoco da para andar a pata con 510 palos en la cuenta.
Con una mano en el corazón, Verónica no le robó a nadie en particular. Fue un error del Gobierno de San Luis, y como dice el dicho: el que le roba a un ladrón… tiene medio código penal ganado, pero también medio pueblo de su lado.
Eso sí, la Justicia no se rió. La acusaron de estafa y defraudación. La detuvieron junto a cinco familiares a los que también les compartió parte de la lluvia de millones (se ve que la repartió como si fuera Papá Noel). Todos fueron liberados tras pagar fianzas millonarias.
Verónica declaró que pensó que el depósito era de $500.000 y usó parte para cubrir necesidades básicas. Además, juró haber devuelto lo comprado. Por ahora, el caso lo sigue investigando el Juzgado de Garantía N° 3 de Villa Mercedes.
Moraleja: revisar bien los ceros antes de apretar “comprar”. Y si la billetera mágica vuelve… que venga con un contador y un abogado en el combo.
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