Análisis histórico| Por Javier Yacoy
El 11 de marzo de 1973, millones de argentinos fueron a votar después de 18 años en los que el peronismo había estado prohibido. Esa noche, el resultado cambió el mapa político del país: Héctor José Cámpora ganó las elecciones y abrió el camino para el regreso de Juan Domingo Perón al poder.
Lo que nadie imaginaba entonces era que aquel presidente electo —nacido en San Andrés de Giles— gobernaría apenas 49 días, en uno de los mandatos más breves y políticamente intensos de la historia argentina.
Cada 11 de marzo marca una fecha clave de la historia política argentina. Ese día, en 1973, el peronismo volvió a ganar una elección nacional después de 18 años de proscripción, con el triunfo de Héctor José Cámpora en las Elecciones argentinas de marzo de 1973.
Para San Andrés de Giles, el aniversario tiene además un significado particular: el presidente electo había nacido en esta ciudad. Sin embargo, la historia de su llegada al poder —y de su rápida salida— fue mucho más compleja que una simple victoria electoral.
El camino al poder: la candidatura que abrió el regreso del peronismo
A comienzos de 1973, Juan Domingo Perón seguía en el exilio y no podía presentarse como candidato presidencial.
La estrategia del peronismo fue impulsar a un dirigente de absoluta confianza: Cámpora, histórico militante del movimiento y ex presidente de la Cámara de Diputados durante el primer gobierno peronista.
La campaña resumía claramente el objetivo político con una consigna que quedó en la historia:
“Cámpora al gobierno, Perón al poder.”
El 11 de marzo el resultado fue contundente: el frente peronista obtuvo cerca del 50 % de los votos, en lo que significó el regreso electoral del movimiento tras casi dos décadas de exclusión política.
El 25 de mayo de 1973, Cámpora asumió la presidencia ante una Plaza de Mayo colmada. Parecía el inicio de una nueva etapa.
Pero dentro del propio peronismo comenzaban a evidenciarse fuertes tensiones.
Un gobierno atravesado por disputas internas
Desde sus primeros días, el gobierno de Cámpora abrió espacio político a la juventud militante y a la llamada Tendencia Revolucionaria del peronismo, donde tenían influencia organizaciones como Montoneros.
Entre las primeras medidas del gobierno se destacaron:
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la amnistía a presos políticos,
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la reapertura del sistema político tras años de dictadura,
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y un clima de fuerte movilización social.
Estas decisiones entusiasmaron a sectores juveniles del movimiento, pero también generaron preocupación en otros sectores del peronismo, especialmente en el sindicalismo tradicional y en dirigentes más conservadores.
La tensión interna se volvió evidente el 20 de junio de 1973, durante el regreso definitivo de Juan Domingo Perón al país. Ese día ocurrió la Masacre de Ezeiza, cuando grupos armados de distintas facciones peronistas se enfrentaron durante el acto de bienvenida, dejando decenas de muertos.
El episodio reveló públicamente que el movimiento estaba profundamente dividido.
La renuncia: una salida bajo presión
Menos de dos meses después de asumir, el 13 de julio de 1973, Héctor José Cámpora presentó su renuncia junto a su vicepresidente Vicente Solano Lima.
La explicación oficial fue convocar a nuevas elecciones para que Juan Domingo Perón pudiera presentarse como candidato.
Sin embargo, el contexto político mostraba otra realidad.
Para ese momento, el liderazgo de Perón buscaba reordenar el movimiento peronista y limitar la influencia de los sectores más radicalizados que habían ganado protagonismo durante el breve gobierno de Cámpora.
Aunque no hubo una destitución formal, muchos historiadores coinciden en que la presión política dentro del propio peronismo hizo inevitable su salida.
Su presidencia duró apenas 49 días, una de las más breves de la historia argentina.
El “exilio diplomático”
Tras la victoria electoral de Juan Domingo Perón en septiembre de 1973, el nuevo gobierno tomó una decisión que también fue leída políticamente: nombró a Cámpora embajador argentino en México.
Formalmente se trataba de un cargo diplomático importante. Pero en términos políticos significaba alejarlo completamente de la escena interna argentina.
Por eso, con el tiempo, varios analistas interpretaron ese nombramiento como una forma de desplazamiento o “castigo político elegante”.
Cámpora había quedado identificado con los sectores juveniles y con la Tendencia Revolucionaria del peronismo. Perón, ya nuevamente en el poder, buscaba reorganizar el movimiento bajo un liderazgo más controlado y con menor influencia de esos grupos.
Enviarlo al exterior permitía resolver esa tensión sin una confrontación pública directa.
Una historia que todavía no terminaba
La trayectoria política de Héctor José Cámpora todavía tendría un capítulo más dramático.
Tras el Golpe de Estado en Argentina de 1976, el ex presidente buscaría refugio durante años en la Embajada de México en Buenos Aires, iniciando un largo período de encierro diplomático y posterior exilio.
Una historia que también tiene una fecha clave en la memoria argentina: el 24 de marzo.
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