Adorni, sin margen: la salida que el Gobierno debió anticipar

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| Por Javier Yacoy

Según fuentes cercanas al Gobierno Nacional consultadas para este análisis, la continuidad de Manuel Adorni al frente de la Jefatura de Gabinete se encuentra en una situación extremadamente delicada y una renuncia podría producirse en las próximas horas. Al momento de publicación de esta columna, no existe confirmación oficial sobre su salida.

Adorni, sin margen: la salida que el Gobierno debió anticipar

Más allá de los tiempos formales, la discusión ya no parece centrarse en si Adorni seguirá o no en el cargo, sino en cuándo y bajo qué condiciones se concretará su salida.

La situación política se volvió insostenible luego de las declaraciones en las que reconoció haber faltado a la verdad respecto de información brindada durante su exposición ante la Cámara de Diputados. A partir de ese momento, sectores que habitualmente acompañan al oficialismo comenzaron a tomar distancia. Tanto el PRO como la UCR emitieron pronunciamientos institucionales reclamando una definición y, en privado, pocos dirigentes aparecen dispuestos a sostener al funcionario.

Pero la señal más fuerte comenzó a llegar desde dentro del propio universo libertario. Según distintas fuentes políticas, Patricia Bullrich tomó distancia de la situación y evitó involucrarse en la defensa de Adorni. El dato no es menor. La actual referente oficialista viene construyendo su propio espacio de poder dentro del esquema de Javier Milei y, con la mirada puesta en el escenario electoral de 2027, parece decidida a no quedar asociada a una crisis que considera ajena.

En política, las ausencias también comunican. Y el silencio de quienes podrían haber salido a respaldar al funcionario terminó siendo una de las señales más contundentes de la fragilidad de su posición.

El problema para la Casa Rosada es que la discusión ya trascendió la figura de Adorni. Lo que está en juego es la capacidad del Gobierno para preservar su agenda legislativa en un momento donde los indicadores económicos comenzaban a ofrecer señales positivas y abrían una nueva etapa de negociaciones parlamentarias.

Incluso dentro del equipo económico existiría preocupación por el impacto político de la crisis. Fuentes con acceso al oficialismo aseguran que el ministro de Economía habría planteado la necesidad de resolver rápidamente la situación para evitar que el conflicto continúe contaminando la agenda económica.

La preocupación tiene fundamentos concretos. Mientras la discusión pública gira alrededor de Adorni, pasan prácticamente desapercibidos algunos de los datos que el Gobierno considera centrales para mostrar su gestión. Entre ellos, la reciente caída del riesgo país a niveles que no se observaban desde hace aproximadamente ocho años, un indicador que el oficialismo esperaba exhibir como una de las principales noticias del semestre.

Sin embargo, la crisis política terminó desplazando cualquier logro económico de la conversación pública. Y esa situación genera malestar en los sectores del Gobierno que entienden que la administración quedó atrapada defendiendo un problema evitable.

En política, muchas veces el daño no proviene únicamente del hecho original sino de la gestión posterior de la crisis. Y allí aparece uno de los principales cuestionamientos internos. El Gobierno debió haber apartado a Adorni, al menos temporalmente, desde el momento en que surgieron los primeros cuestionamientos. Al optar por defenderlo hasta el límite, terminó atando su propia credibilidad a una situación difícil de justificar incluso para sus aliados.

Por eso, una eventual salida ahora corre el riesgo de ser interpretada como un manotazo de ahogado más que como una decisión estratégica.

Mientras tanto, en los despachos oficiales ya comenzó la discusión sobre el reemplazo. Una de las hipótesis que circula con fuerza es que la designación forme parte de un entendimiento político más amplio con el PRO, pensando en la construcción de acuerdos de cara a 2027. En ese esquema, el nombre de Cristian Ritondo aparece como uno de los dirigentes con capacidad para ordenar la relación entre ambos espacios y consolidar una alianza de largo plazo.

Sin embargo, existe otra alternativa que seduce a sectores importantes del oficialismo: Pablo Quirno. El actual secretario de Finanzas mantiene un perfil técnico, conserva buena imagen dentro del Gobierno y no arrastra el desgaste político que hoy afecta a otras figuras de primera línea. Su eventual desembarco permitiría enviar una señal de renovación sin alterar los equilibrios internos de la administración.

La decisión final ya no depende de Javier Milei. El oficialismo sabe que el tiempo juega en contra. Si la renuncia no llega rápidamente, el Congreso podría avanzar hacia un escenario inédito: intentar remover a un jefe de Gabinete por vía parlamentaria.

Y cuando la discusión pasa de la defensa política a la supervivencia institucional, normalmente el desenlace ya está escrito.

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